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¡Orgullo! Reconocen a Víctor “Dito” Chávez como deportista bandera de Ica

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Mediante Resolución de Alcaldia Nro 302-2020-AMPI expresamos el mayor reconocimiento y felicitar a Victor Chávez Garcia, por su valioso aporte con invalorables lauros deportivos a nivel nacional e internacional, resaltando el prestigio de nuestra provincia.

Victor “Dito” Chávez, nació en Ica y actualmente es el deportista bandera de nuestra región, siendo el Primer peruano en clasificar al mundial de Snowboard en Estados Unidos en el 2019, quinto lugar en el Ranking Sudamericano de Snowboard.

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Asimismo el primer peruano clasificado al Campeonato Mundial de Snowboard en China para el año 2021 y Embajador del Olimpismo en el Perú, nombrado por el Comité Olímpico Peruano.

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Piloto francés falleció en la presente edición del Rally Dakar

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Pierre Cherpin, piloto que era de la categoría de motos, falleció cuando se trasladaba en un avión de la ciudad de Yedda a su país para continuar con su recuperación.

La decisión de regresar a su patria la tomó su familia, luego de ver una mejoría en su evolución, tras del accidente que le ocurrió el domingo pasado.

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Su accidente se dio en la sétima etapa del Rally que se está realizando en Arabia Saudita, entre localidades de Hail y Sakaka, el lamentable hecho ocurrió debido a una falla mecánica en su motocicleta.

No es la primera vez que alguien muere durante la competencia, con el piloto francés suman 27 personas fallecidas en la historia del Rally Dakar.

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La anterior víctima había sido Edwin Straver el año pasado, este navegante también corría en la categoría de motos, pereció en el mismo país que se disputa la actual competencia.

Foto: Publimetro

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Jugadores de Universitario rompieron en llanto tras perder la final con Sporting Cristal

Universitario empató 1-1 con Sporting Cristal en la final de vuelta, pero no le alcanzó y los jugadores expresaron su tristeza.

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Universitario empató 1-1 con Sporting Cristal en la final de vuelta, pero no le alcanzó y los jugadores expresaron su tristeza.

La alegría de todo el plantel de Sporting Cristal es la tristeza de los jugadores de Universitario de Deportes, quienes expresaron su lamento luego de perder la final de la Liga 1 Movistar 2020 con marcador global de 3-2.

Las cámaras de Gol Perú, luego de escucharse el pitazo final, enfocaron los rostros de los futbolistas merengues, quienes este domingo salieron con una mentalidad distinta al partido de ida y por algunos minutos estaban obligando a jugar los suplementarios, pero el tanto de los celestes esfumó su objetivo.

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Uno de los más afectados por la derrota fue Jesús Barco, quien rompió en llanto en el terreno de juego del Estadio Nacional. En un primer momento, el marcador derecho de Sporting Cristal, Johan Madrid, fue a consolar al volante, pero luego llegó Federico Alonso para darle ánimos a su compañero.https://cdn.jwplayer.com/players/ssBzDwod-zRvZORUl.html

Otro de los más afectados en Universitario fue su goleador Jonathan Dos Santos, ya que el delantero sabe que este ha sido su último partido con los merengues, debido a que su carta pase le pertenece al Cerro Largo de Uruguay y es muy probable que juegue en el Querétaro de México la próxima temporada.

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Si bien los futbolistas querían el título de la Liga 1 y obtener la estrella 27, Universitario de Deportes hizo una gran campaña y se ganó el derecho de participar en la Copa Libertadores 2021, que lo hará acreedor de tres millones de dólares en medio de su crisis económica.

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Sporting Cristal campeón de la Liga 1 2020 tras empate 1-1 ante Universitario

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En un partido de ida y vuelta, Sporting Cristal se consagró campeón nacional de la temporada 2020 al empatar 1-1 ante Universitario de Deportes, en el Estadio Nacional.

En ese sentido, fue el cuadro ‘crema’ el que terminó dando el golpe primero en esta jornada dominicial, a través de Alberto Quintero. Sin embargo, la alegría le duró poco al combinado que dirige Ángel Comizzo, ya que los ‘celestes’ pudieron devolverle el favor.

Corrían los 69 minutos, cuando un tiro libre cobrado por Wahshington Corozo, terminó en una salida poco segura de José Carvallo que al pivoteo de Gianfranco Chávez, terminó dejando que el esférico ingrese a su arco con suspenso.

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Resultado más que favorecedor para los de Roberto Mosquera, que les basta tan solo con el empate para lograr dar la vuelta olímpica considerando que el global culminaría 3-2.

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Silvana Alfaro, la primera arquera peruana en jugar en el fútbol argentino

Racing Club confirmó la contratación de Silvana Alfaro Sinobrad, quien tiene 19 años y también es arquera de la selección peruana sub-20.

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El fútbol femenino del Perú sigue exportando jugadoras. En esta oportunidad, el reconocido Racing Club de Argentina hizo oficial la contratación de Silvana Alfaro Sinobrad, quien proviene de Sporting Cristal y con 19 años también se adueñó de la portería de la selección peruana sub-20.

A través de su portal web, la Academia explicó los motivos por los cuales decidieron apostar por Silvana Alfaro y también divulgaron la conversación que tuvieron con ella cuando llegó a Avellaneda para iniciar con los entrenamientos.

“El trabajo de base, con perspectivas firmes de crecimiento, es una constante en Racing sin distinción de género. En el área de fútbol femenino se verifica con la extensión y calidad de las Inferiores, y también en el perfil de muchas de las incorporaciones del plantel superior. El caso más reciente es el de Silvana Alfaro Sinobad”, se lee en uno de los párrafos de la nota que hizo uno de los clubes más representativos de Argentina.

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En tanto, la portera peruana —quien será la primera en jugar en el fútbol argentino— señaló que su incorporación a Racing Club le servirá para crecer profesionalmente y aprender de sus colegas y de su mismo entrenador.

Silvana Alfaro, nueva jugador de Racing Club
Silvana Alfaro, nueva jugador de Racing Club

“Esta nueva experiencia me va a servir mucho para mi formación y crecimiento. Estoy muy feliz de que un club como Racing me haya llamado, por la trayectoria, por el prestigio de la institución y por todo lo que yo puedo llegar a aprender de mis compañeras y del entrenador”, manifestó.

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Maradona-Reyna: así fue la marca personal más famosa de la historia y ocurrió en Perú

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Por Fabio Dana
Espn, Argentina

Para algunos, se trata del “manual” de la marca personal. Un ejemplo. Para otros, sencillamente, el antifútbol en todas sus formas. Topetazos, agarrones, alguna patada en los tobillos y una persecución personal nunca vista antes dentro del campo de juego marcó el partido que Perú y Argentina jugaron el 23 de junio de 1985 en Lima, por las Eliminatorias Sudamericanas.

Se trata de un partido que entró en la historia y no precisamente por el buen juego, por los goles o por las atajadas de los arqueros. El choque quedó para el recuerdo por la insólita marca personal que Luis Reyna le hizo a Diego Armando Maradona.

Reyna siguió a Maradona todo el partido. De comienzo a fin. Pero no sólo cuando la pelota estaba en juego. Le hizo marcación personal hasta cuando el propio arquero de Perú tenía la pelota en su poder… Algo jamás visto. Directamente, se desentendió del partido y se concentró en su objetivo: que el 10 argentino no tocara el balón.

Podría decirse que el planteo del entrenador Roberto Challe dio sus frutos. Perú se puso en ventaja a los ocho minutos con gol de Juan Carlos Oblitas y se quedó con un triunfo que fue clave para mantener las aspiraciones de llegar al Mundial de 1986. Maradona tocó poco y nada el balón, jugó incómodo todo el partido, fastidiado por el asedio constante. Y el equipo de Carlos Salvador Bilardo, dependiente del 10, también.

Todos sabemos quién era Maradona. En ese momento, 1985, ya era considerado el mejor futbolista de la época, pero faltaban todavía sus momentos más recordados dentro del fútbol. El Mundial 86, un año más tarde, lo vería en su esplendor.

Pero, ¿quién era Luis Reyna? Un discreto volante de marca que llevó a cabo toda su carrera en tierras peruanas. Primero en Sporting de Cristal y luego en Universitario de Deportes, clubes con los que consiguió cinco títulos. También, disputó el Mundial de 1982.

Contra lo que se puede suponer por la tarea encomendada, Reyna no era un negado con la pelota. Tampoco se trataba de un futbolista de juego agresivo, brusco, que buscara la destrucción. No eran esas sus características principales.

Lo curioso es que en ese equipo de Perú ni siquiera era titular, hasta que de una manera bastante particular se terminó ganando el puesto. “Yo había visto unos días antes el partido que Argentina había jugado con Venezuela, y noté que el jugador que lo marcó a Maradona lo había hecho muy bien. Entonces, en el vestuario pregunté quién quería marcar a Maradona. Reyna dijo: ‘Yo’. Convencido. Nadie más contestó. No dudé y lo puse a él”, cuenta el DT Challe.

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“Sabíamos que había que anularlo a Maradona porque Argentina dependía de él en todo. No recuerdo que hayamos tenido cruce de palabras en el partido”, recuerda Reyna. Challe, un DT con pasado talentoso como futbolista, tal vez eligió a Reyna sabiendo que al no ser un volante de pierna fuerte ni de juego brusco, iba a poder mantenerse en la cancha sin ser expulsado por semejante tarea.

“No fue algo que me gustó hacer, pero era necesario para el equipo. Fue un trabajo sucio, cada vez que el árbitro giraba yo trataba de agarrarlo, de molestarlo…”, señaló Reyna. En más de una ocasión, el jugador optó por no volver a hablar de ese partido, como si con el paso del tiempo lo incomodara que su carrera fuese recordada solamente por destruir el juego del mejor del mundo.

Es cierto, no hubo muchas jugadas con faltas duras hacia Maradona. Si agarrones de la camiseta, algún cruce en busca del cuerpo y no de la pelota, anticipos constantes buscando el balón y a veces la pierna, pero sobre todo una marca pegajosa que resultó muy molesta. El árbitro amonestó al volante peruano en una de las acciones del primer tiempo; finalmente, Reyna fue reemplazado a 14 minutos del final por Javier Chirinos. Lo cierto es que eran otros tiempos del fútbol y del arbitraje: hoy, seguramente, una marca de este estilo hubiera condicionado mucho más al marcador.

Maradona tocó muy poco la pelota. Un tiro libre que pegó en la barrera y un tiro de esquina, fueron las pocas veces que pudo escapar de la marca de Reyna, quien de todas formas lo estaba esperando a unos metros para volver a perseguirlo. La más clara que tuvo en el partido fue luego de un desborde de Valdano, donde el balón rebotó en el travesaño y el 10 pudo, con un poco más de espacios, ensayar una especie de tijera que se fue desviada.

Podría decirse que Reyna asumió la misión de manera religiosa, al borde del fanatismo: lo siguió hasta cuando el 10 no estaba dentro del campo de juego. En una acción, Maradona, golpeado y dolorido, salió de la cancha por uno de los laterales. Reyna, en vez de seguir jugando, esperó en ese sector, casi desentendido del juego, a que Pelusa volviera para seguir con la marca.

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Dicen que en la charla técnica previa al partido el entrenador peruano dijo: “Hoy salimos a ganar. Somos 10 contra 10. Ni Maradona ni Reyna juegan”. Así fue.

Maradona tiene fresco el recuerdo de ese choque tan especial. “Sabíamos en ese momento que se venían dos partidos duros contra Perú, primero en Lima y después en Buenos Aires. No recuerdo haber sufrido tanto en una cancha como en esos partidos. En el primero soporté la marca de Reyna, todo el mundo se acuerda. Fue tremendo. Me persiguió todo el tiempo, no me dejó respirar”.

Una anécdota contada por el propio Diego, ya pasados varios años de ese encuentro, muestra con humor lo que significó ese partido: “¡Me siguió hasta La Habana este tipo! Cuando estuve viviendo allá desde Perú me mandaron una pelota como regalo y estaba la firma de él”.

A pesar de esa marca pegajosa, de tener al rival todo el partido pegado al cuerpo como una estampilla, el 10 nunca reaccionó: no se vieron diálogos entre ambos jugadores, quejas, insultos…

Reyna tocó muy pocas veces la pelota para dar un pase o generar algo de juego constructivo. Su misión fue, solamente, seguir y anular a Maradona. Sin embargo, en el gol peruano fue clave. Siguiendo a Maradona, justamente, el balón llegó donde el volante estaba marcando al 10.

Reyna metió un cabezazo de forma casi instintiva, con la intención de alejar el balón del argentino. Pero la pelota cayó en los pies de Franco Navarro, quien armó una gran jugada para que luego de dos tapadas de Fillol, Oblitas pusiera el 1 a 0 que sería el marcador final.

En Buenos Aires, la táctica de Challe sería la misma, pero con menos rigor: el árbitro brasileño Arpi Filho ya estaba al tanto de lo que había pasado una semana antes y Reyna no contó con tantos “privilegios” para marcar al 10.

Cosas del destino, en 1987, durante la Copa América celebrada en Buenos Aires, la Argentina compartió grupo con Perú. Una vez más, Maradona y Reyna estuvieron frente a frente. El 10 abrió el marcador para la albiceleste… Y Reyna, no quiso ser menos, y marcó el empate de cabeza.

Esa vez, los goles y no la marca personal al límite, pusieron nuevamente en el camino a los dos protagonistas de esa recordada tarde del 23 de junio de 1985.

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Conmoción mundial: murió Diego Armando Maradona

Sufrió un paro cardiorrespiratorio en la casa de Tigre en la que se había instalado tras su operación en la cabeza.

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Y un día ocurrió. Un día lo inevitable sucedió. Es un cachetazo emocional y nacional. Un golpe que retumba en todas las latitudes. Un impacto mundial. Una noticia que marca una bisagra en la historia. La sentencia que varias veces se escribió pero había sido gambeteada por el destino ahora es parte de la triste realidad: murió Diego Armando Maradona.

El campeón del mundo con la Selección Argentina​ se descompensó en la mañana de este miércoles en la casa del barrio San Andrés, en el partido bonaerense de Tigre, donde vivía desde hacía algunos días luego de haber sido operado de la cabeza. El 30 de octubre había cumplido 60 años. 

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allí, desde ese rincón postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que convivió Maradona. Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cámara en un potrero en el que un nene decía soñar con jugar en la Selección. Un salto al vacío sin paracaídas. Una montaña rusa constante con subidas empinadas y caídas abruptas.

Nadie le dio a Diego las reglas del juego. Nadie le dio a su entorno (un concepto tan naturalizado como abstracto y cambiante a la lo largo de su vida) el manual de instrucciones. Nadie tuvo el joystick para poder manejar los destinos de un hombre que con los mismos pies que pisaba el barro alcanzó a tocar el cielo.

Quizá su mayor coherencia haya sido la de ser auténtico en sus contradicciones. La de no dejar de ser Maradona ni cuando ni siquiera él podía aguantarse. La de abrir su vida de par en par y en esa caja de sorpresas ir desnudando gran parte de la idiosincrasia argentina. Maradona es los dos espejos: aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergüenza.

A diferencia del común de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

Es el Cebollita que solo tenía un pantalón de corderoy y es el hombre de las camisas brillantes y la colección de relojes lujosos. Es el que le hace cuatro goles a un arquero que intenta desafiarlo y al mismo tiempo el entrenador que intenta chicanear a los alemanes y termina humillado. Es el que se va bañado de gloria del estadio Azteca y el que sale de la mano de una enfermera en Estados Unidos. Es el que arenga, el que agita, el que levanta, el que motiva. El que tomaba un avión desde cualquier punto del mundo para venir a jugar con la camiseta de la Selección. El del mechón rubio y el que estaciona el camión Scania en un country. Es el gordo que pasa el tiempo jugando al golf en Cuba y el flaco de La Noche del Diez. El que vuelve de la muerte en Punta del Este. Es el novio de Claudia y es también el hombre acusado de violencia de género. Es el adicto en constante lucha. El que canta un tango y baila cumbia. El que se planta ante la FIFA o le dice al Papa que venda el oro del Vaticano. El que fue reconociendo hijos como quien trata de emparchar agujeros de su vida. Un icono del neoliberalismo noventoso y el que se subió a un tren para ponerse cara a cara contra Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano. Es cada tatuaje que tiene en su piel, el Che, Dalma, Gianinna, Fidel, Benja… Es el hombre que abraza a la Copa del Mundo, el que putea cuando los italianos insultan nuestro himno y el que le saca una sonrisa a los héroes de Malvinas con un partido digno de una ficción, una pieza de literatura, una obra de arte.

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Maradona-Reyna: así fue la marca personal más famosa de la historia.

ara algunos, se trata del “manual” de la marca personal. Un ejemplo. Para otros, sencillamente, el antifútbol en todas sus formas. Topetazos, agarrones, alguna patada en los tobillos y una persecución personal nunca vista antes dentro del campo de juego marcó el partido que Perú y Argentina jugaron el 23 de junio de 1985 en Lima, por las Eliminatorias Sudamericanas.
Se trata de un partido que entró en la historia y no precisamente por el buen juego, por los goles o por las atajadas de los arqueros. El choque quedó para el recuerdo por la insólita marca personal que Luis Reyna le hizo a Diego Armando Maradona.

Porque si hubiera que elegir un solo partido sería ese. Porque no existió ni existirá un tramo de la vida más maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Pintó su obra cumbre en el mejor marco posible. Le dijo al mundo quién es Diego Armando Maradona. El tramposo y el mágico, el que es capaz de engañar a todos y sacar una mano pícara y el que enseguida se supera con la partitura de todos los tiempos.

Barrilete cósmico. Y la pelota no se mancha. Y las piernas cortadas. Y que la sigan chupando. Y la tortuga que se escapa. Y el jarrón en el departamento de Caballito, el rifle de aire comprimido contra la prensa, la Ferrari negra que descartó porque no tenía estéreo, la mafia napolitana y toda una ciudad que elige vivir en pausa, rendida a su Dios. Es el de las canciones, el los documentales a carne viva y las biografías siempre desactualizadas. El que levanta el teléfono y llama cuando menos lo esperás y más lo necesitás. El que jugó partidos a beneficio sin que nadie se enterara. El que pasa del amor al odio con Cyterszpiler, con Coppola o con Morla. El que siempre vuelve a sus orígenes y le presta más atención a los que menos tienen.

Es el abuelo baboso y el papá inabordable.

Es antes que todo y por sobre todas las cosas el hijo de Doña Tota y de Don Diego.

Maradona es en presente pese a que de los que mueren haya que escribir en pasado. Es el que en Dubai se codeaba con jeques y contratos millonarios y el que en Culiacán y con 40 grados a la sombra pedía un guiso a domicilio. El que internaron en un neuropsiquiátrico. El que pudo dejar la cocaína. El que hizo jueguitos en Harvard. Es el que como entrenador de Gimnasia vivió un postergado homenaje del fútbol argentino. Aquel que había dirigido a Racing y a Mandiyú no era este último Diego de las rodillas chuecas, las palabras estiradas y las emociones brotando sin filtro.

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Es también Maradona el hombre que se fue apagando. Se resquebrajó su cuerpo y empezó a sacar a la luz tantos años de castigo físico, de desbordes, de excesos, de patadas, de infiltraciones, de viajes, de adicciones, de subibajas con su peso, de andar por los extremos sin red de contención.

Y el alma se fue apagando al compás del cuerpo. En el último tiempo ya no quería ser Maradona y ya no podía ser un hombre normal. Ya nada lo motivaba. Ya no servía el paliativo de los antidepresivos ni las pastillas para dormir. Y la combinación con alcohol aceleraba la cinta. Cada vez menos cosas encendían su motor: ni el dinero, ni la fama, ni el trabajo, ni los amigos, ni la familia, ni las mujeres, ni el fútbol. Perdió su propio joystick. Y perdió el juego. 

Lo llora Fiorito, escenografía inicial de esta historia de película y pieza fundacional para comprender al personaje. Lo lloran los Cebollitas donde se animó a soñar en grande. Lo llora Argentinos Juniors donde no solo es nombre del estadio sino el mejor ejemplar de un molde que genera orgullo. Lo llora Boca y toda la pasión que unió a un vínculo que fue mutando pero conservó el amor genuino. Lo llora Nápoles, su altar maravilloso en el que con una pelota cambió la vida de una ciudad para siempre. Lo lloran también Sevilla, Barcelona y Newell’s, que infla el pecho por haberlo cobijado.

Y lo llora la Selección porque nadie defendió los colores celeste y blanco como él. En definitiva, lo llora el país entero y el mundo.

Entre tantas cosas que hizo en su vida, Maradona hizo una particularmente exótica: se entrevistó a sí mismo. El Diego de saco le preguntó al de remera de qué se arrepentía. “De no haber disfrutado del crecimiento de las nenas, de haber faltado a fiestas de las nenas… Me arrepiento de haber hecho sufrir a mi vieja, mi viejo, mis hermanos, a los que me quieren. No haber podido dar el 100 por ciento en el fútbol porque yo con la cocaína daba ventajas. Yo no saqué ventaja, yo di ventaja”, se contestó en una sesión de terapia con 40 puntos de rating.

En ese mismo montaje realizado en 2005 en su programa “La noche del Diez”, el Diego de traje le propuso al de remera que deje unas palabras para cuando a Diego le llegue el día de su muerte. “Uhh, ¿qué le diría?”, piensa. Y define: “Gracias por haber jugado al fútbol, gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sí, pondría una lápida que diga: gracias a la pelota”.

JPE

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