Quién fue Madame Perotti, la italiana que fundó Huacachina y terminó en la ruina
Conocida como "Madame Perotti", esta pionera italiana revolucionó el desierto iqueño vendiendo sus aguas medicinales y construyendo los primeros hoteles de Huacachina.

Su historia arrancó, según los registros disponibles, hacia 1885 u 1890. Angela Olivetti llegó al valle de la antigua Ica sin conocer a nadie y terminó dando nombre a uno de los balnearios más visitados del Perú. Nació en Andorno Micca, Piamonte en Italia, y hoy se le recuerda como «la Madame Perotti«.
No llegó a conquistar la laguna al azar. En su pueblo natal en Italia existía una extensa tradición de fangoterapia, el uso curativo del barro para sanar muchas cosas. Angela aplicó ese conocimiento que traía de fábrica: pues convirtió el barro del desierto iqueño en un producto medicinal antes que en un paisaje.
Según cuenta la historia, ella antes había cruzado el océano Atlántico con una migración italiana hacia Uruguay o probablemente primero a la Argentina, luego por circunstancias de la vida migró al Perú junto a su esposo, de apellido Perotti, contratado para trabajar en las haciendas de la región. De hecho, Ica ya tenía un historial de colonización italiana: hacendados como Don José Boza habían recibido contingentes de inmigrantes décadas antes, pero por alguna razón los italianos se dispersaban.
Madame Perotti, la primera habitante de Huacachina
La primera construcción de Madame Perotti fue una vivienda de adobe, caña y totora para vivir y para trabajar, su idea era alojar enfermos, no turistas. Esa edificación creció hasta convertirse en «El Huaranguito», el primer alojamiento formal a orillas de la laguna.
El negocio inicial no era hotelero, era de venta directa. Angela comercializaba agua y barro de la laguna en el centro de Ica, transportados a lomo de burro con carga de envases de madera. El agua se vendía a 20 céntimos, usada como fungicida, como cicatrizante y hasta para el cabello.
Para 1894, el agua se había hecho muy famosa y ante la demanda creciente, construyó el Hotel Perotti pensando en algo más turístico. Para promocionarlo, mandó imprimir en los sobres del hotel el análisis químico del agua de la laguna, una estrategia de marketing inusual para una inmigrante operando en un rincón de Ica donde ni siquiera había caminos hacia la laguna.
Con apoyo del entonces prefecto y de Don Alfredo Malatesta se abrió uno de los primeros caminos hacia la laguna, bordeando el cerro. Angela tampoco trabajó sola: para entonces ya se había hecho amiga de Margarita Mossone, familia que en paralelo construía el otro gran hotel del balneario, hoy Hotel Mossone.
Referencias que buscan escribir su historia
En 1911, el libro La vita italiana nella Repubblica del Perú documentó por escrito el Hotel Perotti bajo su dirección, junto al Gran Hotel de Gio Batta Mossone. Para entonces, Huacachina recibía enfermos de la piel, asmáticos y reumáticos que llegaban a caballo.
La cronología exacta sigue en discusión. La autora Sandra Negro sitúa su llegada hacia 1890; una tesis de la Pontificia Universidad Católica del Perú menciona una construcción en 1909. Los documentos de 1894 y 1911 sugieren ampliaciones sucesivas antes que un único punto de partida.
El negocio de Angela terminó llamándose Hotel Americano, nombre que sostuvo hasta mediados de los años treinta. Ese mismo terreno fue remodelado en 1938 por Fermín Salvatierra Cárdenas, dando origen al edificio que hoy se conoce como Hotel Salvatierra.
El 21 de diciembre de 1935, el diario La Voz de Ica tituló una nota «La fundadora de Huacachina», en la que llamaba a Angela «la Madama Perotti» y la reconocía como la primera persona en radicarse junto a la laguna. La misma nota reveló que sostuvo el hotel «a costa de sacrificios incontables, hasta que cayó abatida», administrando el negocio en ruinas. Quizá, una historia distinta donde la protagonista termina mal pero deja una historia enorme.

No fue casualidad que ese diario la recordara así. La Voz de Ica había sido fundada por Octavio y Julio César Nieri Cardona, hijos del también inmigrante italiano Simón Nieri Baccelli, llegado a la región antes que Angela. Julio César firmaba además una columna de sociales titulada «Huacachinerías», donde comentaba a las personalidades que pasaban temporada en el balneario que la propia Angela había fundado.
Así termina la historia, Angela abandonó el hotel, el balneario y su propia vivienda, sin una queja, sin un lamento. Ica la despidió como «un espíritu fuerte y un gran corazón», y le inauguró un busto en su memoria. Fundó el balneario más célebre del sur del Perú y murió sin él.
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