¿Qué esperamos del nuevo gobierno?
La polarización política no nació ayer; es el resultado de años de enfrentamientos, desconfianzas y exclusiones mutuas.

Resumen con IA
Con el conteo electoral prácticamente concluido y a la espera de resolver algunas actas observadas o impugnadas, todo indica que el Perú tendrá como próxima presidente a Keiko Fujimori. Si finalmente se confirma ese resultado, corresponde mirar hacia adelante y preguntarnos: ¿qué esperan los peruanos de quien gobernará el país durante los próximos cinco años? La respuesta parece evidente: paz social, estabilidad política y un gobierno para todos.
El Perú llega a este momento después de una década particularmente turbulenta. En los últimos diez años hemos tenido ocho presidentes, una sucesión de crisis institucionales y un creciente deterioro de la confianza ciudadana en la política. En ese periodo, Fuerza Popular y su lideresa han sido protagonistas centrales de la vida política nacional, con pocos aciertos y muchos errores que hoy forman parte del balance histórico del país.
Muchos ciudadanos consideran que el enfrentamiento entre poderes del Estado, la vacancia presidencial y determinadas decisiones legislativas contribuyeron al clima de inestabilidad que vivimos. Casos como la confrontación con el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski siguen siendo objeto de debate político y académico. Del mismo modo, diversas leyes aprobadas por el Congreso han sido cuestionadas por sectores que consideran que favorecieron intereses particulares antes que el bienestar general y en muchos casos de protección a corruptos cercanos al poder político.
Las elecciones recientes han dejado, además, un país dividido casi en mitades. La polarización política no nació ayer; es el resultado de años de enfrentamientos, desconfianzas y exclusiones mutuas. Gobernar un país partido en dos exige algo más que ganar una elección: exige construir legitimidad.
Precisamente por ello, si el nuevo gobierno desea cumplir con su promesa de traer orden al país, primero deberá construir paz social. Y no puede existir paz sin inclusión, diálogo e igualdad ante la ley.
La nueva presidente tendrá una enorme responsabilidad: demostrar con hechos —y no solo con discursos— que gobernará para todos los peruanos, incluyendo a quienes votaron en su contra. Las señales importan. Importa la elección de ministros, idealmente convocando a profesionales de distintas corrientes democráticas y buscando consensos con otras fuerzas políticas. Pero también importa la fortaleza y credibilidad de las instituciones del Estado.
Diversos sectores de la ciudadanía cuestionan hoy la legitimidad y la independencia de organismos fundamentales como el Tribunal Constitucional, La Junta Nacional de Justicia, la Fiscalía de la Nación, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República. Existe la percepción de que estas instituciones han sido influenciadas por intereses políticos, lo que ha debilitado la confianza pública.
Si el nuevo gobierno promueve procesos transparentes, meritocráticos y consensuados para la designación o renovación de autoridades, en coordinación con las distintas fuerzas democráticas del país, enviaría una poderosa señal de cambio, institucionalidad y reconciliación nacional. La estabilidad no se construye concentrando poder, sino fortaleciendo la independencia de las instituciones y recuperando la confianza ciudadana.
La reconciliación nacional no se decreta, se construye con gestos concretos. También será fundamental garantizar que las protestas sociales sean tratadas con los mismos criterios, independientemente del sector político del que provengan. En democracia, el derecho a la protesta debe ejercerse dentro del marco de la ley, pero también debe aplicarse el principio de igualdad: ni privilegios para unos ni mano dura selectiva para otros.
El Perú necesita cerrar una etapa de confrontación permanente. La ciudadanía espera que el nuevo gobierno deje atrás viejos resentimientos y comprenda que el poder no es un instrumento de venganza, sino una herramienta de servicio público.
Ojalá que la experiencia de estos años difíciles deje una lección para todos. Así como el país se une cuando juega la selección peruana, también debemos ser capaces de unirnos para construir una nación más justa, estable y democrática. La legitimidad democrática no se agota en ganar una elección; se consolida gobernando para todos, no para una élite ni para un solo sector político.
Los próximos cinco años serán una prueba decisiva. La nueva presidente no será juzgada por su victoria electoral, sino por su capacidad para reconciliar al país y fortalecer las instituciones.
La historia ofrece una nueva oportunidad; dependerá de nuestros gobernantes y de la ciudadanía no desperdiciarla.

0 Comentarios